Madrid

Vinicius Jr. ante el Bernabéu. Fuente: Marina García Esteban

Williot sentencia en el Bernabéu con un 0-2 que saca los colores a Xabi Alonso y avecina lo peor en un vestuario mermado por las bajas.

De la ‘empatitis crónica’ a la ‘perdiditis aguda’. El Real Madrid no levanta cabeza y el miedo se apodera del Bernabéu. El Celta ha reabierto una herida que parecía haber comenzado a cicatrizar en Bilbao. Williot Swedberg firmó la sentencia de muerte, por partida doble, a un Madrid que lleva pidiendo auxilio más tiempo del que ha estado vivo. Ya son cuatro puntos los que les separan del Barça y si esto sigue así… la liga, quizás, se les está escapando entre los dedos.

No se puede luchar contra los elementos. El Madrid no se ha encontrado, pero tampoco sabe dónde se ha perdido. Sobre el campo solo se ve desorden y falta de comunicación. Balones perdidos en el abismo de no entenderse con el de al lado y no saber mirar atrás o hacia delante.

El 0-2 ha acabado siendo un resultado benévolo con los de Xabi Alonso. Con nueve sobre el campo, el encuentro podría haber sido mucho más doloroso. Williot Swedberg se encargó de la masacre que acabó tiñendo de rojo las tarjetas amarillas que vieron Fran García y Carreras al filo del final. Y, aun así, se han visto más cosas en el verde tras las expulsiones que siendo once. 

Durante los primeros 45 minutos, el Bernabéu confiaba en un partido simple pero asequible. Vinicius dio pinceladas de haber vuelto a ser aquel brasileño que bailaba y se lo pasaba bien… pero el cuadro pasó de ser el Jardín de las Delicias de El Bosco a la Apatía de Edward Hopper. Un Madrid sin colores, en blanco y negro. De luto. 

La victoria ante el Athletic fue un oasis en medio del desierto, pero se ha secado demasiado rápido. Con el Manchester City a la espera, el pánico se está ya apoderando de la afición madridista. Este equipo no es el que ganó la Decimoquinta y, desde luego, ni se reconoce en el de Decimocuarta. El ‘Hasta el final, vamos Real’ ya no resuena en las cabezas de los jugadores o si lo hace, suena demasiado bajo.

La grada ya no puede más y ante el Celta ha explotado. A Alejandro Quintero le van a pitar los oídos toda la noche. Al grito de «corrupción en la federación», los locales dejaron ver su descontento con cada decisión del colegiado. Cada vez que sonaba el silbato, los aficionados erupcionaban en una mezcla de rabia e impotencia que fue in crescendo.

Al arbitraje, que no le ha gustado nada a Xabi Alonso, tal como ha afirmado en rueda de prensa, se suma la falta de ideas del equipo. Bellingham pudo abrir el marcador más pronto que tarde. Arda Güler, con la precisión de un cirujano, puso el córner para que lo peinara el inglés. El balón apuntaba maneras, pero Radu ya la había visto venir. Esa acción anticipó todo lo que vendría después.

La esperanza duró poco y la enfermería sigue sin dar a basto. A este paso, a Xabi Alonso se le va a poner cara de Álvaro Arbeloa porque va a necesitar al Castilla entero. Militao evitó el primero del Celta, pero se perdió él en el camino. En el área chica, desplomado en el suelo, necesitó la ayuda de las médicos para salir del verde. En volandas, entre dos miembros del cuerpo médico y sin poder apoyar el pie izquierdo… La defensa no aguanta más.

Xabi Alonso se ha quedado sin laterales izquierdos ni centrales. Valverde va a tener que volver a hacer de ‘3’ y Tchouameni también va a tener que dar pasos atrás. Sin defensas, el centro del campo se queda huérfano. Como dice la canción, en qué estrella estarán… Modric y Kross.

Y, pese a todo, lo más importante del partido no ha sucedido dentro del campo. El Bernabéu es una caldera que ha explotado. Entre pitos y gestos de desesperación la gente no entiende qué está pasando. 90 minutos en el Bernabéu son muy largos… pero ya no para el rival, sino para el Madrid. Quién iba a decirle hasta dos años que una remontada no era posible.

Las navidades se acercan, y el año se acaba. Con la temporada a la mitad, es hora de hacer balance de lo bueno y malo y comenzar a escribir la lista de propósitos. Aunque igual, a más de uno, le acaban trayendo carbón en vez de regalos.

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